La Soledad mata más que la obesidad, tanto a jóvenes como a adultos.

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Científicos comprueban que sentirse solo mata más que la obesidad.

OMS detectó que cada año mueren, como mínimo, 2,8 millones de personas a causa de la obesidad. Pero estas cifras no son tan altas como la muertes causadas por la Soledad. Estudio realizado por la Universidad Brigham Young revelaron que la soledad y el aislamiento social pueden aumentar el riesgo de muerte prematura hasta en un 50%. 

«La mayoría de los jóvenes nos confiesan que sufren soledad, aunque estén acompañados»

Informe «Salud mental y suicidio en adolescentes» realizado por Luisa Maldonado, directora del Foro de la Familia, nos dice que la imposibilidad de conciliar vida familiar y profesional están causando verdaderos estragos en las familias y en la sociedad. “La comunicación entre padres e hijos, pilar fundamental de prevención en este caso, está muy limitada por los horarios laborales de los progenitores. Un mayor contacto entre ellos contribuye de forma decisiva a evitar la percepción de desamparo y soledad del adolescente en riesgo, además de posibilitar que los padres habiliten mecanismos de prevención, al conocer la realidad emocional de su hijo. Sin embargo, –advierte– esta comunicación no puede establecerse en la adolescencia, que es cuando el joven se “bate en retirada”, sino que tiene que haberse gestado durante la vida del niño, creando una red de sostén que permita al adolescente sentir que no está solo en su angustia. Querer que un joven nos cuente lo que le está pasando cuando solo ha habido silencio o reprobación en los últimos 15 años es ingenuo.”

OMS, el suicidio es la segunda causa de defunción entre jóvenes de 15 a 29 años y, en España, según datos del INE (2015), es la primera causa de muerte juvenil, superando incluso a las causadas por accidentes de tráfico.

Informe de la OMS 2017: “Los suicidios y las muertes accidentales debidos a conductas autolesivas fueron la tercera causa de muerte entre los adolescentes en 2015, con cerca de 67.000 muertes. Quienes presentan estas conductas más frecuentemente son los adolescentes de mayor edad, en especial en las jóvenes, en las que es la segunda causa de muerte. En Europa y Asia Sudoriental, esta es la primera o la segunda causa de muerte entre los adolescentes.

Nuestra evolución se desarrolló a través de la cooperación, nuestra vida dependía de que cada uno cuidara la vida de todos. Si el grupo disminuía mucho, la muerte de todos llegaba pronto. Los homininos hace 6 millones de años ya vivían de este modo, cuando se separaron del ancestro común entre el chinpancé y el ser humano, y esto continuó formando parte de nuestra evolución, es decir en los homo sapiens.

Para educar a nuestros hijos es primordial esta característica, ya que debido a la evolución nuestro cerebro es social, y si no recibe el suficiente estimulo social afectivo de confianza, es decir sustentarnos en el apoyo mutuo para la vida, no podemos ser felices.

Las relaciones con los otros son fundamentales. Los seres humanos somos básicamente seres sociales. Nuestro cerebro se modifica a partir de una compleja interacción entre factores genéticos, cambios ambientales (ej: en el clima) y el entorno social. Pero la estimulación cognitiva y afectiva del entorno tiene un rol clave en nuestro sano desarrollo.

Por su parte, diversas investigaciones han demostrado que mantener una vida social activa ayuda a mantener un cerebro saludable. Contrariamente, estar socialmente aislado impacta negativamente en la salud. Las personas solitarias y aisladas se enferman más y viven menos.

Los beneficios que nos aporta ser seres sociales y relacionarnos de forma presencial con los demás. Aciencia cierta se sabe que los lazos sociales tienen sustratos hormonales y fisiológicos.

Por ejemplo, los niveles de serotonina y de oxitocina pueden mediar la dominancia social, la agresión, la afiliación, el cuidado materno y los lazos sociales.

Asimismo, la oxitocina tiene efectos desestresantes tanto en el cerebro como en otros sistemas fisiológicos más periféricos (reducciones en los niveles de cortisol, presión sanguínea y actividad del sistema nervioso simpático, así como con incrementos en la actividad parasimpática).

Los efectos antiestrés se hacen más pronunciados con el tiempo, por lo que los individuos en relaciones sociales estables y duraderas experimentan los mayores beneficios.

Asimismo, aumenta la confianza interpersonal y la capacidad para inferir las emociones a partir de señales faciales y facilita las conductas cooperativas y altruistas.

Una zona en nuestro cerebro está especializada en la percepción de los rostros, es clave en la comunicación social. Esta área llamada fusiforme para los rostros o FFA se activa en el procesamiento facial, detectando las emociones.

Los trabajos de John Cassel dieron origen a la idea de que el apoyo social juega un papel central en el mantenimiento de la salud e inteligencia, al facilitar conductas adaptativas en situaciones de estrés, ya que reduce el impacto psicológico de los acontecimientos estresantes y contribuye a menores niveles de morbilidad y a una mejor rehabilitación.

Sentirse solo, aún estando con otros, aislamiento social durante la vida temprana, podría evitar que maduren las células que forman la materia blanca del cerebro, y por tanto que se produzca la cantidad adecuada de mielina en las fibras nerviosas. Esto puede contribuir a un pobre rendimiento cognitivo y ejecutivo, una rápida debilitación cognitiva, un incremento de cogniciones negativas y depresivas, excesiva sensibilidad a amenazas sociales y baja autoestima.

La entidad Social Brain detectó que bebés con todas las necesidades físicas cubiertas y sin recurrente contacto emocional con sus cuidadores, tenían una tasa de mortalidad mucho más elevada, así como un desarrollo físico y mental sensiblemente menor que el de los niños criados con estímulo de activa interrelación afectiva.

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