La importancia de lo social para lograr la autonomía

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La auto-determinación es el gran momento histórico que estamos viviendo. Todos vemos bien que cada uno decida cómo construir su propia vida. La mayoría percibe como algo perjudicial obligar a otros que hagan algo de determinada manera. Todos aportamos sugerencias y cada uno elige qué hacer y cómo hacerlo. Por ejemplo: Se percibe como algo malo que se obligue a una persona a casarse con alguien al que no eligió. En cambio antes los padres eran los que decidían con quién se casaría su hijo. Predomina en nuestra era el valor del “derecho a realizarse”.

Este aumento en la libertad de elección es realmente positivo en nuestra vida. Pero nos ha traído otras dificultades.

G. Lipovetsky en “La era del vacío” Nos dice que el culto a la autonomía, hizo que el individualismo esté en el código genético de la cultura. La sociedad de mercado permite el goce inmediato y el hiperindividualismo. Antes en la sala se tenía un televisor en donde se reunía a mirar la familia, ahora cada individuo de la familia tiene su smartphone, su televisor, su tablet, y los niños se encierran con sus equipamientos individuales.

Simultáneamente a la revolución informática, las sociedades posmodernas conocen una “revolución interior”, el conocimiento de sí y la realización personal, la propagación de organismos psi (incremento del factor “psicológico”), técnicas de expresión y de comunicación y sensibilidad terapéutica. La terapia psi genera una figura de narcisismo identificado con el homo psicológicus que trabaja duramente para la liberación del Yo, para su gran destino de autonomía de independencia: que llega a renunciar al amor o “Auto-amarme lo suficiente para que no necesite a otro que me haga feliz”. Autonomía narcisista individualismo de masa.

En ese dispositivo psi, ofrecer el cebo del deseo y la barrera de la represión es una provocación que desencadena una irresistible tendencia a la reconquista de la verdad del Yo.

De este modo la autoconciencia

ha sustituido a la conciencia de clase.

El narcisismo permite entonces el abandono de la esfera pública y por ello una adaptación funcional al aislamiento social. Para que el desierto social resulte viable, el Yo debe convertirse en la preocupación central.

Al igual que el espacio público se vacía emocionalmente por exceso de informaciones, de reclamos y animaciones, el Yo pierde sus referencias, su unidad, por exceso de atención: el Yo se ha convertido en un conjunto impreciso. Es a esa misma disolución de Yo a lo que apunta la nueva ética permisiva y hedonista. Las asociaciones libres, espontaneidad creativa, no-directividad, nuestra cultura de la libre expresión, pero también nuestra ideología del bienestar estimulan lo temporal y contribuyen al desmenuzamiento del Yo; la era de la voluntad desaparece.

Las sociedades occidentales están pasando de un tipo de sociedad más o menos dirigida por otros a una sociedad dirigida desde el interior. La personalidad debe profundizar su diferencia, su singularidad: el narcisismo representa esa liberación de la influencia del Otro y funciona fundamentalmente como agente de proceso de personalización.

Que el Yo se convierta en un espacio “flotante”, sin fijación ni referencia, una disponibilidad pura, adaptada a la aceleración de las combinaciones, a la fluidez de nuestros sistemas, esa es la función del narcisismo.

La educación permisiva han engendrado una estructura de la personalidad, el narcisismo, juntamente con unas relaciones humanas cada vez más crueles y conflictivas.

El desarrollo de una cultura PSY (incremento del factor “psicológico”), el acceso democrático al lujo, y el hiper-consumo han provocado grandes desequilibrios internos en la relación del individuo consigo mismo.

“Somos más autónomos, pero eso tiene un precio”; la mitad de los habitantes de París viven solos, los divorcios no dejan de aumentar y los más jóvenes ya no soportan convivir con los mayores. El año pasado hubo en Francia 12.000 suicidios, una cifra de muertos superior a la causada por los accidentes de circulación. “Somos más autónomos, pero también más frágiles”. G. Lipovetsky 1987

Lipovetsky reconoce la autonomía como algo positivo, pero hay que encontrar el modo de dejar de producir las graves consecuencias no deseadas. Porque cuanto más autonomía existe, es decir cuanto más poder existe para que los individuos controlen su propia vida, más vemos multiplicarse psicopatologías y trastornos de la personalidad. Los individuos tienen cada vez más poder sobre sí mismos, casarse o no, tener hijos o no, tener la vida que quieren. Sin embargo nunca existió tanta fragilidad a nivel de los individuos. Fragilidad psicológica y eso se puede ver en el aumento en los números de depresión, ansiedad, bulimia, adicciones, intento de suicidio. Todos esos fenómenos están al alza. Las patologías están por doquier, y esto está en contradicción con una sociedad libre.

La autonomía pacificó las relaciones con otros, dejando de ser autoritarias, pero no pacificó las relaciones consigo mismo, a los individuos más les cuesta vivir por sí mismos. ¿Por qué no tengo la vida que quiero tener? La revolución hiper-individualista genera angustia.

Cuanto más autónomo es el individuo más ejerce poder el mercado sobre él, el mercado nos hace consumir más o menos lo mismo en forma masiva. El mercado ejerce un poder sobre los placeres cotidianos sobre la forma de existir del ser humano. Fomentando y apoyándose en la autonomía narcisista, individualismo de masa.

El Yo necesita de un Nosotros, la necesidad de pertenecer a una comunidad que construya al sí mismo. El hombre es un ser incompleto incapaz de bastarse a sí mismo, el hombre necesita a los otros para conocer la felicidad.

Gilles Lipovetsky fue profesor de filosofía en la Universidad de Grenoble y del Liceo de Orange. Miembro del Consejo de Análisis de la Sociedad de Francia.

Haciendo referencia a lo dicho sobre el proceso de personalización por medio de resaltar la diferencia, os cuento que llevo casi 13 años de hacer homeschooling, y me han repetido tantas veces que “cada niño es muy distinto, todos somos muy diferentes” que he sentido que somos tan diferente unos de otros que casi ya no nos podemos comunicar profundamente, ni sentir amor unos por los otros, porque las diferencias nos alejan cada vez más.

Pero sin embargo a pesar de ser cada uno, único e irreemplazable tenemos muchas cosas en común. ¿No habría que apreciar y resaltar más lo que tenemos en común para poder acercarnos unos a otros? “Cuanto más distinto soy más autónomo, porque solo yo puedo entenderme.” Antes estábamos torturados por el extremo de la uniformidad, iguales como una producción estándar, ahora estamos yendo al extremo de la diferencia que nos aísla de los otros.

En general hemos pasado del culto a lo Divino, al culto a la Razón y ahora estamos en el culto a la Autonomía. El culto a la autonomía lo abarca todo, incluso a las religiones, cada uno cree como quiere, lo que quiere y cambia si le gusta más otra, o es ecléctico. Nadie en nuestra cultura es ejecutado por cambiar de religión, o dejar de creer.

Convengamos que lo positivo del hiper-individualismo es la autodeterminación, la autonomía de decidir sobre nuestra vida. El problema es que vivimos la autonomía como si esta fuera la esencia de nuestra vida, cuando debería ser solo una consecuencia. Porque nuestra esencia es que dependemos unos de los otros para vivir desde que nacemos hasta nuestros últimos días, por eso somos animales sociales. Y si nuestra vida se desarrolla en contra de nuestra naturaleza social afectiva, nos desequilibramos emocionalmente, y producimos desequilibrios por doquier.

No hay que confundir dependencia con sometimiento, porque hablo de la natural y sana dependencia que nos permite ser nosotros mismos.

El Yo que se construye con los otros, aprendemos el idioma que han construido otros, el significado de las palabras fueron diseñadas por otros con sus emociones y experiencias. Las palabras limitan y estructuran un forma de entender el mundo. En el diccionario inuit no exista la palabra guerra, el vocablo Ñuñu de origen quechua significa mama, mamar, seno o madre indistintamente. Estamos moldeados por la lengua que fue construida por otros.

El Yo se construye sintiendo a los otros. Cuando nacemos primero está el Tú, la mamá, hasta que nos podemos reconocer a nosotros mismos. Pero la construcción del Yo en relación con los otros continua toda la vida. Nuestra persona se nutre de otros por eso algunos respondieron a la pregunta “¿quien soy yo? Yo soy todos lo que se han relacionado conmigo”.

La infancia es la etapa principal en el proceso de personalización, es importante centrar la educación en que el Yo es relación humana, porque sino tendemos a centrar al niño en las cosas a descubrir, de este modo lo cosificamos y lo inducimos a encerrarse en sí mismo con la cosa a descubrir. El niño se repliega en su persona, porque lo dirigimos hacia la falta de comunicación y narcisismo.

Pero el niño para sentirse querido tiene que poder sentir a la otra persona, disfrutar de ella. Si hay poca interacción lúdica afectiva entre niño y adulto, a el niño no se le desarrolla la conexión emocional con el otro, deja de sentir al otro y se vuelve cruel y conflictivo, pendiente de su narcisismo y esclavo de sus carencias afectivas.

Nos empeñamos tanto que el niño sea autónomo que sin querer le vamos apartando la relación humana, la esencia que nos hace humanos, y así se termina deshumanizando al niño. Porque es nuestra característica social lo que permite la sana autonomía, el Yo que siente que es un nosotros “Si otro me aprecia me quiere, me valora, y yo lo valoro, lo quiero, y por eso interactúo con él más que con las cosas, ambos tenemos la estima alta para ser autónomos.” Es decir que la sana autonomía depende de centrarse en la relación recurrente y afectiva entre las personas. Por lo tanto la educación tendría que ser “Educación centrada en fomentar la relación afectiva entre las personas”, la sana autonomía solo es una consecuencia de esta.

“RAZÓN DE VIVIR” LETRA Y MÚSICA DE VICTOR HEREDIA (Buenos Aires, Argentina)

Escrito y desarrollado por Valentina N. Escurra

Aprendiendo de las aportaciones que nos hace nuestro amigo Eduard Pardo: “La canción que has elegido relata muy bien el espíritu del articulo.”.La época de auto-determinación que nos hace vivir la autonomia como la esencial de la vida, cuando debería ser sólo una consecuencia”( clave para comprender que nos pasa, hoy).. La mirada del otro, nuestra mirada en la otredad, hemos perdido ese mirar, si es que alguna vez lo tuvimos..”

EL MIEDO A LA LIBERTAD, ES EL MIEDO A SENTIR TANTO AL OTRO, QUE EL OTRO FORME PARTE DE MI SER. ES EL MIEDO A AMAR Y SER AMADO.

La película Spirit que la mayoría de las familias homeschooling hemos visto, mostraba que el caballo era libre cuando podía volver a estar con su familia, con su manada, volver a ser parte de los suyos, sentirlos, amarlos y disfrutarlos. No mostraba que el caballo era libre porque se la pasaba eligiendo. La capacidad de elegir forma parte de la libertad, pero no es la esencia de los animales sociales, sino la consecuencia de una vida amorosa.

Valentina Escurra

 

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