El “nosotros” que nos constituye nos duele, y por eso nos defendemos de él.

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Querida amiga, estoy de acuerdo que tenemos que sanarnos para nuestros hijos. Pero reducir lo que se sufre al ámbito familiar, como si los pensamientos y actos sociales no nos constituyeran, excluyendo del análisis el significado de crecer en una cultura individualista, es hacer una psicoterapia que evita, niega y oculta la realidad de lo que nos sucede.
Claro que todo lo que haya nombrado o dejado de nombrar la madre, forma la personalidad de una hija o hijo. Ya lo decía Lacan desde al menos 1953 “El inconsciente está estructurado ‘como’ un lenguaje”. El consideraba que por el lenguaje se construye “un sujeto”; y que el lenguaje de la madre está estructurado por las costumbres y creencias de toda una sociedad, las cuales fueron trasmitidas generación tras generación. Es decir que las emociones que la madre siente en forma individual, fueron construidas en ella a través de las costumbres y creencias de otros, sus sentimientos particulares pertenecen al grupo social con el que ha interactuado.
El Yo de la madre, se ha formado con lo que sintió en primera instancia con su propia madre, pero también con su padre, parientes, vecinos, amigos, maestros. Y también con la característica de un país donde la madre tiene que trabajar, y sino lo hace, la sociedad la deja sola, la humilla, y la discrimina como incapaz de ser autónoma, de auto-valerse por sí misma. Una sociedad cruel, que tiene como valor supremo el éxito individual, es decir el éxito de la autonomía, que obliga a poner todos los esfuerzos en no depender de los demás, “no dependas de nadie en la vida, acumula dinero y serás libre”.
Pero todo esto es una gran mentira, tanto para la mujer como para el hombre, porque somos dependientes desde que nacemos hasta que morimos. Necesitamos de los otros para vivir, sin embargo dedicamos nuestra vida a luchar contra nuestra naturaleza dependiente. Cosa que no tiene sentido, porque hasta nuestros pensamientos están construidos con las emociones que vivimos con los otros, con palabras cuyo significados han sido creados por muchos otros. Además nuestros razonamientos y decisiones son realizadas por el inconsciente que está constituído con lo que hemos vivido con los otros. Por eso digo que nos alimentamos de los otros, pero en lugar de amar este alimento luchamos contra él, como si este nos fuera a destruir.
Esta creencia “de que los otros no me van a dejar ser Yo mismo si me alimento de sus pensamientos y emociones”, es en realidad lo que vivimos en la infancia. Porque la mentalidad que los adultos tenían era que: “El niño es un estorbo, un inútil, un tonto, y que debía ser autónomo como el adulto para no ser una carga”. ¿Cómo no vamos a luchar contra este “nosotros”? Si nos hizo sufrir.
Nuestra lucha defensiva contra el nosotros, se ve reflejada en la autoconcepción individualista, cuando decimos “Yo pienso por mi mismo sin influencias de los otros”, “Yo nací con mis propios pensamientos”, “Yo elijo que pensar, nadie me influye en mis decisiones”, “Yo soy muy distinto de todos”. Estos dichos evocan a alguien que no es valorado, está remarcando todo el tiempo: ¿Entiendes, que yo existo? No existía, no serbía para tener sitio en un nosotros amoroso, sino al contrario en un nosotros que lo hizo sufrir, lo humilló, lo trató de inutil, expulsandolo a la soledad emocional se tuvo que proteger.
Este nosotros que nos constituye nos duele, y por eso nos concebimos como individuos que nos hacemos a nosotros mismos, sin ese nosotros amoroso que nos pertenece, porque nuestra experiencia fue de un nosotros doloroso del que tenemos que defendernos. Por eso ya no nos centramos en sentir al otro, sino en erigir la autonomía de nuestro ego, con cada vez menos capacidad de empatía.

Si vivimos un nosotros que nos dañó, lo combatiremos resaltando el individualismos, la libertad basada en lo individual, en el autodirigrnos y no en la relación amorosa. La soledad interior será más segura, vaciándonos de intervención humana, por lo tanto de humanidad. Y con estas emociones criaremos a nuestros hijos.

En consecuencia nuestra cultura se basa en estar contra el otro, una sociedad que no apoya, ni cuida, ni se ocupa de aprender, ni si quiera de entender la dependencia que tenemos entre las personas para construir una personalidad sana. Sociedad que nos impulsa a una incapacidad profunda para poder sentir al otro, para disfrutar del otro como alimento, sino que nos encierran en la autonomía de hacernos a nosotros mismos.
Por eso la mamá no logra comunicarse intensamente con su hijo. Lacan dice, que si al amamantar al niño la madre está haciendo otra cosa, en lugar de brindarle amor, no se establece la comunicación y en consecuencia desarrolla neurosis. Y si además es muy escasa la comunicación amorosa con otros adultos, porque estos ni tienen ganas de iniciar un juego con el niño, no disfrutan de comunicar su persona al niño, entonces crecerá con muchos problemas emocionales.
Pero a pesar de los síntomas de los niños, seguimos creyendo que criamos en libertad porque expulsamos a los niños de la relación con los adultos, produciendo una profunda falta de comunicación. Porque creemos que el niño no precisa que le transmitamos lo que pensamos, ya que nace con la capacidad de tener sus propios pensamientos y por eso suponemos que no necesita de los nuestros.

Este es un razonamiento que está en contra de la naturaleza humana, porque el pensamiento del niño ya en el vientre de la madre se construye con lo que siente otro. Si la madre vive una relación violenta o al contrario, muy afectuosa, estos intervienen en la forma de pensar, sentir y ser del niño. Si privamos al niño de nuestros pensamientos, lo dirigimos al desequilibrio emocional, a la gran carencia de no poder nutrirse de las personas.
Claro que el niño nace con sus deseos, pero el principal de todo, es el de nutrirse de las personas, de llenarse con gente vital, que le trasmite su vida, alegría, forma de ser, de pensar, de tener iniciativas, de alimentarse de alguien feliz, inteligente, entusiasta. Alguien que le comunica energía de vida, no de muerte, de vacío humano.
Pero sin embargo nos hemos inventado que el niño desea hacerse a sí mismo, y no en un nosotros que lo modifica. Pensamos que es mejor que se auto-construya en la soledad interior, que se repliegue en sus propios pensamientos.

  • Como descubrimos que el niño tiene sus propios pensamientos, nos pasamos al extremo de que estos tienen que estar bien diferenciados de los nuestros, bien autónomo.
  • Antes se dejaba al niño solo emocionalmente porque era considerado un incapaz, ahora se lo deja en soledad emocional para que sea libre.
  • Antes negábamos nuestra relación al niño con autoritarismo, “niño no me moleste, no vez que estoy trabajando, se autónomo”, ahora expulsamos a los niños diciendo “que los criamos en la libertad de autodirigirse”, cuando en realidad tenemos incapacidad de relacionarnos con ellos. Porque fuimos educados en una sociedad que nos incapacitó para centrar nuestra vida en la intensa relación entre las personas.La dependencia natural que tenemos unos de los otros para vivir y ser feliz, fue utilizada para dominarnos, oprimirnos, anular nuestra creatividad, estima e iniciativas. Pero la función natural de la dependencia es darnos seguridad afectiva, así nuestra capacidad creativa se potencializa. No hay mayor fuerza que el sentirse querido, y esto depende de otro.

El niño solo puede sentirnos si nos entregamos a él, si somos su alimento, y con todos estos nutrientes será verdaderamente libre, porque sintiendo al otro se desarrolla la capacidad de amar. De ste modo estrá realmente seguro de emitir sus pensamientos, con la emoción interior de que los adultos que le dicen que lo quieren tienen la iniciativa real de interactuar con él.
Así se llenará de humanidad, porque posee un Yo que es relación amorosa, un Yo que es un nosotros, porque es un Yo que está formado con el amor que tiene del otro hacia él y que siente él por el otro. Caminando hacia un Yo que nunca puede estar contra el otro, porque el otro es parte de su persona.

Estamos tan metidos en el autoengaño de que la autonomía da la libertad a las personas, que reproducimos el lenguaje y los actos que nos destruyen, como sucede cuando dicen con todas las mejores intenciones, que “La mejor herencia de una madre a una hija es haberse sanado como mujer”, si bien esto es cierto, el problema está en cómo se supone que se llega a conseguirlo. La autonomía es una consecuencia de la seguridad afectiva, y el afecto es una relación de sana dependencia, necesitamos a otros para amar y ser amado.
Por ejemplo cuando dicen que debemos “educar a nuestra hija en el auto-respeto”, en nuestro caso nunca en la vida le dijimos tal cosa a nuestra hija, ni siquiera jamás le hablamos de que ella debe respetar a los demás, aunque lo hace sin saber que está respetando al otro, y a sí misma. Porque estuvimos muy atentos a su naturaleza social y afectiva, su educación se centró en relacionarse con nosotros y con otras personas, las cosas a descubrir solo fueron un complemento de la relación. Así el respeto es solo una consecuencia de apreciar más a las personas que a las cosas. Yo respeto a mi hija porque la quiero mucho, disfruto y valoro su persona, cada acto suyo, y por eso me ocupo en no hacerle algo que la dañe, y si me equivoco está el padre que me avisa, u otra persona, y me pongo a reflexionar sobre lo que me dicen. Entonces como la quiero cuido la forma de relacionarme con ella, cuido sus juguetes con ella, cuido como le hablo, y me cuido a mi misma porque la amo.
El respeto es solo una consecuencia del amor. No me centro en respetarla, me centro en quererla, como los indígenas con la pachamama, no dicen tierra te respeto, sino que se dirigen a ella con un nombre que denota relación amorosa, de alguien que genera y cuida la vida, la madre. Signo de una relación amorosa “madre tierra”: pachamama.
Otro ejemplo, si puedo sentir que el lenguaje de mi hija es el juego, y me comunico con ella en su lenguaje la voy a poder entender, y ella me va a poder entender a mi, esto le da una seguridad impresionante, os puedo afirmar que tiene mucho más estima que yo. Ella pudo detectar injusticias que yo ni me di cuanta hasta que me las dijo.
El respeto es el resultado de una relación entre personas que logran comunicarse intensamente, una interrelación profunda que hace que las personas realmente se conozcan, “como interactuó tanto contigo puedo ver lo más profundo de tu ser”.

Entonces la educación, no tiene que ser en lo auto, me auto-hago, me auto-respeto, todo muy autónomo, cuando en realidad estos valores surgen de la dependencia. Porque el respeto, el cuidado por uno mismo y los demás, depende de si hubo una amorosa y recurrente relación entre las personas, surge de sentirse querido y valorado por otros. Es consecuencia de una buena Relación, nuestra vida depende de las buenas relaciones, dependemos uno de los otros, es un engaño pensar que somos en esencia autónomos.

El artículo también dicen que “Una mujer sana hace caso omiso al rol de sufridora que la sociedad le impone”, me parece mejor que en lugar de negar el sufrimiento, habría que visibilizar el sufrimiento que también tienen los otros, y que lo ocultan bajo el rol de poderosos.
Porque hombres, mujeres, niñas y niños sufrimos en nuestra sociedad que No está organizada en función del amor entre las personas, sino en función de la acumulación de unos pocos. Algunos lograron una poderosa autonomía para autodirigirse, someten al planeta a su autonomía y derecho económico de hacer lo que les de ganas. Tienen el suficiente poder para autodirigirse y que nadie esté por encima.
Vivimos en la cultura del sometimiento, unos someten a otros descendiendo en el rango de poder de autodirigirse o de ser dirijo por los más poderosos, y entre medio de los poderes y sometimientos están las mujeres, los niños, los pobres, y que dependiendo de su posición también someten y son sometidos.
Me parece muy bien que las mujeres denuncien cualquier acto de desvalorización, pero para que no quede solo en una reacción defensiva, habría que tener en cuenta que la desvalorización de las personas es la consecuencia de la falta de entrega amorosa de los adultos hacia los niños.
En la infancia fuimos formados en el ninguneo que tenían los adultos hacia los niños, ellos solo se relacionaban con los niños cuando nos daban mandatos autoritarios, y desvalorizantes. El mayor valor que tenían los adultos, es que los inútiles niños se hicieran autónomos, aunque a su vez eran considerados bastantes inútiles como para ser autónomo como un adulto que se dedicaba a hacer cosas productivas para la acumulación.
En la actualidad muchos ven mal ser autoritario con los niños, pero persiste el deseo de relacionarse lo menos posible con el niño.

Nos podemos ayudar a ir consiguiendo el equilibrio, pero decir que una mujer puede sanarse totalmente en una sociedad enferma, es tener una negación de la realidad. El estado de persona sana se da en las comunidades indígenas maternales, porque se nutren de personas que no han organizado la vida en función de la acumulación, sino para la relación entre las personas, y todo lo demás solo es una herramienta para nutrir la relación humana.
Entonce nos sanaremos cuando todo el grupo social esté sano, mientras tanto podemos ir caminando juntos hacia una vida más justa. Porque la realidad es que vivimos en grupos sociales y no en la soledad de nuestra mente, no tiene sentido buscar sanarse centrándose en lo individual si vivimos en lo grupal, es decir en relación con otras personas, y nuestras emociones y razonamientos se construyen con las emociones que vivimos con otras personas. Las terapias personales no tienen que encerrarnos en nuestro ego, sino desarrollar un Yo más social. Porque nuestro Yo depende de las buenas relaciones con las personas. Por eso digo que somos dependientes y no en esencia autónomos, porque nuestro Yo es un nosotros, y crece feliz en un nosotros amoroso, en relaciones humanas “donde el otro es parte de mi ser, y no lo puedo dañar porque me estaría dañando a mi mismo”. Como sucede en la tribus indígenas maternales. Aunque estamos muy lejos de sentirnos unos a otros de este modo, pero de apoco podemos ir hacia allí.

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