¿De dónde surge la motivación por aprender?

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La capacidad de aprender es intrínseca al ser humano, es innata como lo es la capacidad de poder aprender un lenguaje, como lo es la capacidad de sentir y querer a otros.

Estas capacidades innatas, se pueden reprimir, desmotivar. Un ambiente hostil desmotiva. El colegio autoritario desmotiva al niño en su deseo de aprender.

La motivación se cuida y desarrolla a través de un buena relación, porque nos vamos haciendo con las experiencias que vamos teniendo y sintiendo con las personas.
Nuestra personalidad se constituye con lo que vamos viviendo con nuestra mamá, papá, parientes, amigos. Por eso digo que somos relación, porque nuestras motivaciones, angustias, alegrías se van construyendo con las experiencias que vamos sintiendo con las otras personas. La motivación por aprender se va moldeando con la cultura, es decir que tiene relación con lo que hemos vivido.

La supervivencia, querer vivir, es una capacidad innata. La supervivencia del niño esta en sentirse profundamente conectados con sus padres. Cuando nace la conexión es tan profunda que el bebe no sabe que es una persona distinta a la madre, y del placer de esta comunicación placentera surge el alimento para su supervivencia, la leche materna.
Si la madre rechaza a su bebé y lo deja tirado no podrá sobrevivir, su supervivencia depende de la relación que su mamá tenga con él.

Si la supervivencia depende de la relación que su madre tiene con él, la relación está antes, al servicio de la supervivencia o contra esta. Por eso en nuestra escala de valores, lo que tendría que estar por encima de todo es la relación entre las personas. Es decir nuestra comunicación, conexión con nuestros hijos.

Entonces la supervivencia es innata, pero depende de lo que otros hagan con nosotros, del tipo de relación que tengan con nosotros.

La comunicación que tienen el bebé y la mamá sirven para la supervivencia. El niño nace con esta conexión, le da placer comunicarse con el cuerpo de la madre, con su vos, con su riza con todo lo que ella es. El bebe está pendiente de su madre, y aprende de su madre, cuanto más ella está conectada con su bebé. De este modo la madre le permite al bebé aprender de ella.

Si la intensa y placentera comunicación continúa en el aprendizaje de cómo desenvolverse en la vida (condición de supervivencia), esta se seguirá desarrollando en el placer de la comunicación que tienen los padres con sus hijos. El niño busca comunicarse con sus padres por la dependencia humana para la supervivencia, aprende el modo de vivir de sus padres. Por eso el niño naturalmente tiene placer y deseo innato de aprender de sus padres. Motivo por el que el niño esquimal aprende el modo de sobrevivir que tienen sus padres.
El deseo innato del niño de aprender de sus padres, de comunicarse con ellos y con los adultos que conviven en la tribu, está en función de la supervivencia humana.

En nuestra cultura hemos reprimido esta relación natural, en lugar de centrarnos en la comunicación con nuestro hijo, nos centramos en que el niño autoaprenda. Claro que el niño va aprender cosas por sus propios medios e iniciativa, pero ese aprendizaje tiene que ser fruto de centrarnos en comunicarnos con nuestros hijos. La iniciativa de comunicación debe venir de ambos, no se puede cargar al niño con la responsabilidad de que sea él el que inicie la comunicación, de que sea él el responsable de su educación, de que sea él el que tenga que decir a los adultos lo que tiene que aprender, de que sea él el que sea haga cargo de su vida, y que nos diga a nosotros los padres y adultos ¿qué es lo que tenemos que hacer con su vida de niño? Lo cargamos con la responsabilidad de educarse a sí mismo, somos adultos que ya no sabemos que transmitirle al niño, esto le produce inseguridad, porque vamos en contra la supervivencia humana, hechos que desmotivan al niño y le generan una actitud agresiva.

El padre de mi hija y yo nos hemos centrado en la comunicación, en entregarle a nuestra hija lo que somos, lo que sabemos, y ella naturalmente ha demandado muchísimo nuestros conocimientos y también el conocimiento de otros adultos y niños. Quiere conocer cómo son las cosas que nos rodean, quiere saber cómo es ella, y tiene la iniciativa de hacer continuamente proyectos, es decir que su creatividad es incesante. También nos enseña cosa que va aprendiendo de otros, y que ella va investigando.
Su desarrollo intelectual y emocional no se reprimió porque nosotros le entregáramos lo que sabíamos, al contrario se potencializó. Porque todo niño nace queriendo aprender de sus padres para su supervivencia, si la demanda innata de querer aprender de sus padres y allegados se detiene es que algo no va bien.

Como el niño nace dispuesto a aprender de sus padres para su natural supervivencia, si le entregamos lo que sabemos no destruimos su espacio de reflexión, simplemente tenemos que ser sensibles a no interrumpir el momento en que el niño está haciendo su proceso de reflexivo, pero por hacer esto, no vayamos al extremo de no tener la iniciativa de entregarle lo que somos.
Desde que existe el ser humano desea aprender de las personas con las que convive, y en esta dinámica de aprender de otros, también aporta su creatividad. Y así cada generación fue aprendiendo de la anterior, hasta que llegamos a la creatividad que hoy vivimos, ciencia, tecnología, arte.

Entonces la comunicación también es innata, y es la clave de la supervivencia del ser humano. Por eso digo que antes que nada somos relación. Para sobrevivir, vivimos de la comunicación entre las personas.

La Intrínseca motivación de ser humano es llenarse de humanidad de los otros, alimentarse unos de otros. El niño desde que nace se alimente de su madre, aprende el lenguaje motivado por una persona que le habla, si a un niño los padres le hablan muy poco le costará aprender el lenguaje.

La motivación es también el fruto de la relación que se tiene con el niño, cuidando la innata capacidad de aprender y enseñar. Al nutrirse de las personas, se entusiasma por descubrir el mundo a través de llenarse y alimentarse de su padres, amigos etc.

Un niño esquimal no tiene la motivación intrínseca de cazar, no viene con el arpón para cazar focas en los genes, la motivación le surge de la relación con su padre, porque disfruta a su padre, admira a su padre y quiere ser como él. En cambio el niño que tiene una mala relación con sus padres, pierde la motivación de relacionarse con ellos y por lo tanto de querer aprender algo de ellos.

Si una persona no atrae, no nos motiva ¿por qué vamos a querer comunicarnos con ella? Entre adulto esto funciona así.

Lo que más hace un niño es jugar, si negamos esto, estamos negando el ser del niño, si no tenemos iniciativas de jugar con él, no tenemos iniciativas de comunicarnos con él.
En consecuencia los conflictos surgen porque No entendemos al niño y el niño no nos entiende, luego tampoco se entienden entre niños, porque son criados en la falta de comunicación entre las personas. Primero con sus padres y luego esta dificultad se traslada en relación con otros niños.

El problema es que por generaciones fuimos formados en centrarnos en la adquisición de conocimiento, en lugar de la comunicación, la relación profunda entre las personas.
La demanda de conocimiento es solo una consecuencia de centrarnos en la comunicación con nuestros hijos.

Entender cuál es su lenguaje, y entregarnos a través de ese lenguaje, sin que esté tirando de nosotros para que nos comuniquemos con él. Esperando que siempre sea el niño que nos pida “mamá quiero esto, papá juega conmigo, mamá entra en mi vida” es un niño que está pidiendo y pidiendo una y otra vez comunicación, hasta que se cansa y se repliega en sí mismo.
De este modo imponemos al niño que él debe tener iniciativas hacia nosotros, pero nosotros no hacia él, y si la tenemos que no sea con una personalidad que motive.
En definitiva, que el niño se acostumbre a que nosotros no vamos a tener interes de iniciar con ganas algo hacia él.

Los indígenas maternales fluyen en la comunicación, su “Yo” es ante todo, relación. Un Yo centrado en hacerse con lo que van viviendo con los otros, un Yo centrado en la relación, un Yo centrado en la profunda comunicación entre las personas. Y por supuesto que se motivan mutuamente, son atractivos en sus acciones los unos hacia los otros, son atentos de tener iniciativas unos hacia los otros, y están atentos a satisfacer lo que otros necesitan, y a pedir lo que ellos quieren. Todo fluye en un cultura en que cada persona se hace con los otros.
Si se hacen con lo que van viviendo con los otros, dependen de los otros. En cambio nosotros estamos en la ilusión de centrarnos en hacernos a nosotros mismos, en la ilusión de que somos principalmente autónomos, cuando en realidad somos dependientes, y la autonomía solo se desarrolla en y por una sana dependencia.
La ilusión de que somos en esencia autónomos, nos impide centrarnos en que nos hacemos con los otros, nos impide centrarnos en la comunicación con nuestro hijo, en entender el lenguaje de los niños.

La capacidad de aprender es Intrínseca al ser humano, y la motivación de esta capacidad se cuida y se desarrolla con la calidad de la relación entre la personas.

La motivación también es una construcción social. Por ejemplo un ambiente donde nos sentimos a gusto nos motiva para hacer de todo, se nos expande el Yo, disfrutamos de lo que hacemos.
En cambio en un ambiente hostil, nos puede desmotivar, en un campo de concentración no estaremos igual de motivados que compartiendo con amigos y con gente que queremos.

La idea de lo intrínseco viene del biologisismo determinista, que imponía la creencia, sin ninguna demostración a priori, de que el ser humano nacía predeterminado, con todas sus virtudes, defectos y motivaciones de nacimiento, veía al ser humano como una máquina biológica predeterminada, con todos sus componentes de “construidos” de fábrica. 

Si viene todo ya hecho de nacimiento, entonces la madre y otros no tiene nada que aportar, por eso no hay que intervenir.
Pero con la crianza con apego quedó demostrado que la motivación de un niño depende de la calidad de la relación con su madre. Las intervenciones de la madre para cuidar a su hijo, sus iniciativas de hablarle, de mimarlo, de besarlo, etc. Hace a un niño motivado a descubrir la vida, hace un niño con ganas de vivir. 

La motivación está construida con la experiencia emocional que hemos vividos con otras personas, es parte de nuestra historia de relación con las personas que se va construyendo desde que nacemos. 

Por ejemplo la motivación que tienen muchos adultos y niños por ganar, por ser el mejor, por ser el primero. ¿Es intrínseca o se la hemos construido socialmente?

En el ejemplo de Ubuntu se ve claramente que es una construcción social de cada cultura. A los niños de esa tribu no les interesa competir, no es para ellos una motivación “ser el mejor”, su motivación es que todos sean felices. Ellos dicen si uno de nosotros está triste ¿Cómo podremos estar felices los demás?

Entonces quiere decir que la motivación de una persona también se construye con la calidad de la relación entre las personas.

Y como se construye socialmente es muy grave desmotivarnos unos a otros. Esto es lo que sucedió en muchos casos de educación, en lo que se llama no intervención para que el aprendizaje autodirigido. Los niños fueron desmotivados y perdieron su capacidad innata de querer aprender.

La motivación de un niño es ¡¡Tener Mamá!!,
es la relación con un Otro que le quiere,
que sabe comunicarse en el lenguaje del niño,
que es el juego y el afecto.

¿CUÁNDO LA “NO INTERVENCIÓN” CON LOS NIÑOS NO FUNCIONA?

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