Criar sin Rabietas

PorValentina Escurra

Criar sin Rabietas

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Cuando se habla de las rabietas, se da por hecho que todo niño las debe tener. Como algo propio del niño, de sus genes. Por eso se explica continuamente como gestionar las rabietas, gestionar las emociones para que el niño se calme, aprenda a identificarlas y tenga control sobre estas.  En lugar de buscar cómo no generar rabietas en nuestro hijo. Cómo hacer que la vida de nuestro hijo no llegue a un estado estresante y sea placentera.

Respecto a identificar las emociones, el niño siente que está enfadado, con bronca, con ira, no hace falta decírselo, él ya sabe que la está pasando mal, lo está viviendo, entonces lo subestimamos al hacerlo. “Tú no sabes lo que sientes, por eso yo te lo digo.”

El niño no necesita nuestra ayuda para identificar este tipo de emoción, lo que necesita es que nosotros sepamos las causas, para resolverlas si podemos, y se lo expliquemos de acuerdo a su edad.

Creemos que la libertad del niño es criarse en un ambiente con cosas y para que no perturbemos su autonomía no debemos intervenir con nuestros criterios, así podrá elegir él solo. Por eso hacemos el esfuerzo de relacionarnos lo menos posible y evitamos entregarle nuestra forma de pensar, porque creemos que la libertad solo se reduce a elegir.

El niño crece centrado en elegir cosas a descubrir o crece centrado en la relación humana. Si crece centrado en las cosas a descubrir y elegir, se encierra en su ego y se vuelve narcisista, perdiendo la capacidad de disfrutar al otro, de sentir lo más humano. Se vuelve esclavo de sus carencias afectivas porque está centrado en las cosas elegidas, y no en la relación humana para amar a otros y ser amado por otros.

Si no puede sentir profundamente al otro, el niño se repliega en sí mismo, queda preso en sí mismo. Atrapado le brotan las rabietas, la agresividad, y el autoritarismo narcisista de alguien carente. Con sus rabietas el niño pide ayuda desesperadamente porque está encerrado en sí mismo.

Muchísimos padres nos dicen “no entiendo como es autoritario cuando yo le doy la libertad de hacer lo que quiera”. Otros nos dicen “me gusta que manifieste su ira, su bronca, su agresividad, lo hace, porque es libre”.

1) Nunca un ser plenamente libre esta expresando permanentemente su ira, su bronca, y autoritarismo a menos que lo estén oprimiendo.

2) El niño para poder amar y ser amado, necesita personas que tengan capacidad de entregarse, no que sean perfectas, sino que se centren en relacionarse de forma recurrente, activa y lo más afectivamente posible. Si por el miedo a trasmitirle algo equivocado no le entregamos nada, lo dejamos vacío, aislado en su Yo. Cuando el adulto le da su persona, con su personalidad, se está abriendo al niño, y le brinda el espacio afectivo para que el niño también se pueda entregar a él.

3) Si hay poca entrega humana el niño se deshumaniza, y se lo dirige a elegir de acuerdo a esa falta de humanidad. Su vida se limita a descubrir y a elegir cosas. Luego nos preguntamos porque se vuelve adicto, consumista e insensible.

4) La infancia es la etapa principal en el proceso de personalización, es importante centrar la educación en que el Yo es relación humana, porque sino tendemos a centrar al niño en las cosas a descubrir, lo cosificamos y lo inducimos a quedarse en sí mismo con la cosa a descubrir. De este modo el niño se repliega en su persona, y lo dirigimos a la falta de comunicación y narcisismo.

6) Cuando aparecen las rabietas, agresiones, el narcisismo autoritario, el egoísmo, la falta de empatía, desde Platón hasta ahora se utiliza una lista o libro de límites de control disciplinario. Estas recomendaciones son la base de la construcción de nuestro mundo civilizado, reglas de control y opresión para adaptar al niño al sistema de dominación. Platón lo dejó escrito en sus libros (ver las citas en el libro EcoNiñez). Desde más de 2.300 años que se hace lo mismo con los niños, apretar un poco con los limites disciplinarios pero no tanto, porque sino quedamos como autoritarios. En el caso de Platón decía que si presionabas demasiado al niño quedaría idiotizado por exceso de humillación y ya no sería útil para el Estado.

Nos auto-convencemos que el límite con firmeza es amor, cuando es lo único que tenemos para frenar lo que hemos generado en nuestros hijos. Decir que el límite es amor nos viene genial, para no buscar la causa y culpabilizar al niño, diciendo que “él busca el límite, o porque te quiero te pongo límites”. En lugar de reconocer que “Te pongo limites porque no sé cómo hemos llegado a que manifiestes tu malestar con bronca, egoísmo, narcisismo, agresiones, consumismo, adicciones, etc.”

7) Tampoco la responsabilidad solo la tienen los padres, sino que es un problema social en el que estamos envueltos y reproducimos en nuestros hijos el mal estar. El niño va a volverse irritable, vaya al colegio o haga educación en casa (homeschooling), porque lo dirigimo a que se acomode a una organización social inhumana. Lo que los padres tenemos que hacer es entender cómo reproducimos nuestras sociedades de sufrimiento. Nos queremos liberar de los mecanismos que lo construyen, pero lo tenemos tan incorporado que no nos damos cuenta que lo reproducimos. Si caemos en la hipocresía de que el límite disciplinario es amor, queda oculta y protegida nuestra organización social que nos incapacita para comunicarnos y entendernos con nuestros hijos. Así no tenemos que corregir el sistema social, al que tenemos que corregir es a nuestro hijo. El sistema y los adultos quedamos intactos, para formar en los niños la base de dominación en la que se asienta nuestra sociedad.

En cambio si reconozco que, le pongo limites con firmeza porque “no sé que hacer para que no perjudique a otros y así mismo”, no recae en el niño la culpa de lo que siente y hace, sino que es una consecuencia de lo que nosotros hacemos. De este modo la corrección la tenemos que hacer en nosotros.

La emoción que tenemos que poner en palabras para ayudar al niño a identificarla, es que los adultos tenemos mucha dificultad para comunicarnos con él, y por eso le generamos las rabietas.

Es importante asumir que nuestra organización social va en contra del desarrollo del afecto humano. Esta sociedad nos preparó para la producción, para el autónomo exitismo personal, y no para la conexión afectiva entre las personas. Para lograrlo nos obligaron a la ruptura con nuestras crías, de generación en generación se fue normalizando en nuestra vida. En consecuencia nos cuesta mucho comunicarnos con los hijos. Hemos perdido el lenguaje natural que todo mamífero tiene para comunicarse con su cría y con su grupo afectivo.

En el caso de los humanos, el lenguaje de nuestras crías es el juego y el afecto. Pero nosotros tenemos reprimida nuestra capacidad lúdica. En la infancia jugar era considerado un pérdida de tiempo, los adultos en general no jugaban con sus hijos. Cuando alguien despreciaba algo se decía y a veces aún se dice “es un juego de niños, o juega como un niño”. Esta desvalorización hace que inconscientemente no tengamos ganas de iniciar un juego, o hacer una vida cotidiana más lúdica con nuestro hijo. Por lo tanto el niño no entiende al adulto y el adulto no entiende al niño. Un niño incomprendido, es un niño incomunicado, el canal afectivo está cerrado, no fluye el amor, y lo lleva a las explosiones de rabietas.

Si queremos algo mejor para nuestros hijos, tendríamos que elaborar metodologías que se sustenten en relaciones más sanas que las que actuales.

Por ejemplo las que viven los indígenas de tribus maternales. Buscar en la historia cómo fueron las relaciones en sociedades afectuosas, donde los niños nunca llegan a niveles estresantes, ni niños ni adultos se enfrentan en rivalidades.

EcoNiñez emerge de esta búsqueda, mi hija fue criada con los fundamentos nacidos de realidades emocionales más felices que las de nuestra cultura. El efecto fue que el desarrollo afectivo e intelectual de nuestra hija, superó con creces lo que nos podíamos imaginar de los niños. No hemos necesitado nunca reñirla, regañarla, castigarla, ni ponerle límites, y no ha sufrido rabietas, porque aprendimos a comunicarnos con ella, tuvimos y tenemos una intensa y activa relación lúdica afectiva.

Las terapias actuales ponen a los padres como generadores del malestar del niño, cuando en realidad es un problema social. Los padres son formados por esta sociedad para el hiperindividualismo para el consumismo personalizado, para la elección narcisista y lo reproducen en sus hijos.

Las terapias centradas en el individuo son un buen negocio. Según estas, el padre o la madre son los únicos responsables e incapaces de resolver los problemas de su hijo, no el sistema social que nos oprime, que nos dirige a encerrarnos en nosotros mismos y trasladan nuestras necesidades al consumo.

En general las terapias individualistas tienden a crear super-egos, se enfocan en generar autoconfianza apoyada en el propio ego. “Yo me quiero, yo valgo, porque yo me lo digo.”

Las terapias de indagación de sí mismo, de la historia personal solo funciona apoyándose en otros que sinceramente quieren “tu felicidad”, hay que tener mucho cuidado en no caer en terapias utilitaristas mercantilistas, que generan dependencia.

Soy de Buenos Aires donde la indagación personal y el permiso emocional a no ver a los padres como perfectos, forma parte de nuestra cultura. Por eso generalmente en la adolescencia comenzamos a preguntarnos sobre nuestra infancia, ponemos en palabras lo no dicho, descubrimos los auto-engaños.

Gracias a esta experiencia observé durante muchos años que podemos ser conscientes del daño padecido en la infancia y no cambiar, porque el cambio debe darse en el inconsciente, que es donde tomamos las decisiones.

Para que las emociones cambien es necesario sentirse querido por otros (amigo, pareja, familiar), que realmente desean que lo logremos, Alice Miller lo explica en sus libros. Es el sustento emocional que precisamos para poder dar el paso. No se puede dar el paso en el vacío, porque nuestra especie es de afecto social. Incluso la esquizofrenia que antes se creía que lo único que se podía hacer es medicar, hoy muchos están recuperando su salud porque se centran en fomentar la relación humana en forma intensa recurrente y afectiva. Una experiencia que me impactó hace 18 años fue colaborar en la recuperación de personas que padecían fobia sociales con ataques de pánico, varios llevaban 30 años con gran miedo de salir de su casa. La mayoría hacía muchos años que seguían tratamientos individuales sin casi progreso, pero en los grupos donde se encontraron unidos en el sentir del otro, en la identificación, afecto y comprensión se estableció el apoyo mutuo y surgió la estima y la fortaleza. Es decir que sus emociones cambiaron gracias a la activa interacción social afectiva. Actualmente esta metodología se utiliza en todo el mundo.

O cambiamos la sociedad juntos, fomentando la relación humana, educación para lograr la plena relación afectiva entre las personas, o de lo contrario nuestros niños estarán condenados a vivir disputando quién tiene el ego más grande, y admirar y servir al ego más exitoso.

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About the author

Valentina Escurra administrator

Soy creadora de EcoNiñez, Formadora bio-psico-social para la base emocional del aprendizaje y la crianza, investigadora interdisciplinaria en educación, Experta en el Abordaje de Problemáticas Psicosociales, Amplia experiencia en la facilitar a los padres a llevar a cabo la educación de sus hijos, EcoNiñez Homeschooling. Más de 36 años de investigación y comprobación de la construcción afectiva de las personas. Por medio de la Sociología, Psicología, Antropología, Filosofía, Historia y Neurociencia. Realicé talleres y acopañamiento presenciales con Técnicas para el Abordaje de Problemáticas Sociales, Violencia Familiar e Interpersonal, Asistencia y Prevención de la Violencia Familiar y el Maltrato Infanto-Juvenil, Prevención de Violencia de Género, Prevención y detección del Abuso Sexual Infantil, Promoción de la salud basada en la Teoría de Apego. Impartí charlas sobre “La base emocional para el aprendizaje”. Estudié Bellas Artes: dibujo, pintura, escultura. Y danzas contemporánea, tango-contemporáneo, malambo argentino y danza afro-brasileña. Destaco principalmente mi experiencia como Madre de una niña que ya tiene 14 años, que fue criada desde su nacimiento con el espíritu del Aprendizaje Natural, y con todo mi bagaje personal de prácticas y conocimientos obtenidos antes de ser madre. Nació con el Parto en casa, con una alumna de Michel Odent, la francesa obstetra Vendela Chignac. La crianza de mi hija fue en continuo contacto corporal, caricias, mimos, abrazos, juegos, nos entregamos y nos centramos en la interrelación desarrollando un apego seguro. Llevé a mi bebé en mi cuerpo sujetada con una kepina o quepina -vocablo Kolla: pañuelos para llevar a los hijos y cosas, ternura y cariño- Colecho, lactancia a demanda y prolongada, respeto a la psicomotricidad, y otros. La formación de estos métodos y conocimientos los recibí del Psicólogo y Pediatra Dr. Jorge Díaz Walker que lleva más de 41 años enseñando esta forma de crianza, en Bs.As. Argentina, fundó en 1974 la Asociación de ayuda Materna ÑuÑu. Pero el apego seguro se desarolla con nuestra conexión que comunica seguridad al niño frente a la situaciones de estres que la vida le va presentando. Podemos hacer lactancia prolongada y no generar en el niño un apego seguro. La experiencia de campo en la vida real, me posibilitó ver buenos resultados, y analizar a fondo los problemas y sus posibles soluciones. Por lo tanto este es un libro que surge de la praxis particular y familiar, que nos transformó y constituyó. Colaboré con la Matrona Carmen María Pons en el grupo de crianza, parto y lactancia, y continúo haciéndolo a través de Amamanta Benimamet. Desde el 2006 participo, disfruto y organizo en España, durante todo el año actividades, encuentros con más de 140 familias. Eventos pensados y diseñados para el desarrollo de los niños de familias de aprendizajes innovadores. Esta es la web aprendiendoenfamilia.org

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