¿Cómo se producen las adicciones en los niños?

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Para no reproducir una sociedad que dedica su energía vital principalmente al consumo, tendríamos que analizar como es la crianza de los niños, que produce adultos consumistas, convirtiéndonos en sirvientes de las cosas, adoradores de las cosas.

Las soluciones que se buscan están centradas en la economía.  Es importante luchar por la igualdad en la distribución de la riqueza, pero si este es el principal objetivo que perseguimos, nos seguimos centrando en las cosas. Continuamos poniendo a las cosas en la centralidad de la vida, y no las relaciones humanas. Realmente de este modo lo que no se está teniendo en cuenta, es que la economía es consecuencia de las relaciones humanas.

Existen muchas culturas que no llegaron al desastre económico que tenemos, viviendo durante miles de años en armonía. Nuestras culturas se construyen aprendiendo en la infancia una forma de relación que se centra en las cosas, como sustitutos de una gran insatisfacción en las relaciones humanas.

El ser humano es fruto de una relación humana, se alimenta y crece en el vientre de su madre, es decir en relación con su madre. Cuando el niño nace, su energía esta dirigida hacia las relaciones humanas, a disfrutar del otro. El bebé nace y quiere las caricias y el cuerpo de la mamá, escucha atento la voz de todos los que lo rodean, está tan pendiente de todos los humanos que aprende su idioma, su forma de vivir, su forma de interactuar.

Y nosotros le vamos poniendo cosas para entretenerlo, para que no pida nuestra relación. Remplazando la relación humana por cosas, le damos juguetes para que no quiera jugar tanto con nosotros, lo ponemos en un carro evitando el contacto corporal, le damos un chupete para que no quiera el cuerpo de la madre, les damos cuches (golosinas) para que se entretengan, desviamos el placer que tendría que sentir con las relaciones humanas. Lo enviamos a la guardería y luego al colegio, para dedicar nuestra energía de juventud a las cosas, a la producción.

En nuestra juventud por naturaleza tenemos hijos, y en esta etapa contamos con la energía vital para el cuidado de nuestras crías. Pero nosotros reprimimos esta relación natural con nuestros hijos, en función de las cosas. Abandonamos a nuestros hijos al cuidado de otros,  para dedicarnos a las cosas. Eso es lo que aprenden de nosotros los niños, que las cosas valen más que ellos, valen más que las relaciones humanas, y luego culpamos a los niños de adictos a las cosas, juguetes, juegos tecnológicos, cuches, competencia por las cosas, por ser el mejor, etc. Se vuelven adictos a la violencia que le generamos nosotros.

Fuimos criados con y para los sustitutos de la relación afectiva, en lugar de recibir la intensa entrega humana, hemos recibido cosas. Hemos aprendido a dedicarnos a las cosas, a disfrutar de las cosas, a acumular cosas que nos dan poder. Porque cuanto más poder consigamos, evitaremos que otro esté por encima para dañarnos. Como nos sucedió cuando eramos niños, que estábamos bajo el poder de progenitores y adultos que nos herían, sin quererlo, porque ellos también fueron heridos y no podían sentir que tenían que entregarse a la intensa relación afectiva, que la naturaleza humana requiere para ser feliz, y nos dirigieron hacia las cosas. Por eso nos dedicamos a los sustitutos de las relaciones afectivas, pero estos nunca podrán saciar la carencia afectiva en la que hemos sido criados.

Porque la acumulación no puede desarrollar la capacidad de amar de una persona, de sentir a los otros, esto se aprende en la infancia de alguien que te quiso primero, que te sintió primero, que pudo entregarse intensamente a la relación afectiva. Siendo adultos tendremos que hacer un trabajo para recuperar nuestra capacidad innata de sentir al otro, recuperar nuestra originalidad afectiva.

Ningún animal social es separado de sus progenitores por el grupo para ser educado, al contrario el grupo afirma y colabora con la relación madre-hijo y su educación.

Esto lo podemos ver claramente en un vídeo de National Geographic “Chimpancés casi Humanos”.  A un grupo de chimpancés con una cultura más empática, les ha sido robada una cría por cazadores humanos. Los científicos que la han rescatado ponen a la cría en el suelo. Un joven macho chimpancé los ve, se acerca a la cría, y hace un gesto que hacen los chimpancés para que la cría se suba, y esta salta a sus brazos. El joven lleva la cría a su madre,  y todos los chimpancés del grupo festejan el reencuentro.

Como la madre está herida por los cazadores, el joven macho colabora con el cuidado de la cría cargando con ella cerca de la madre, hasta que esta se recupera en un par de días.

La madre no es reemplazada en la función de educar a su hijo, sino que el grupo apoya esta relación, y enseña sin apartar ni romper esta relación natural de su especie.

Por lo que he investigado los chimpancés -que por lo general tienen culturas más agresivas- no separan a las crías de sus madres para enseñarles su forma de vida, a pesar que en algunas ocasiones los machos matan a las crías de su grupo.

Es increíble la cantidad de frases hechas, que nuestra sociedad impone para hacer invisible e invalidar la relación y capacidad natural que tienen los progenitores de enseñar a sus hijos.

Frases como “Los padres se creen dueños de los hijos, son unos egoístas.”

Con estas escusas se le roba a los niños y a sus padres, la relación que la naturaleza evolutiva nos proporcionó para el buen desarrollo de todos los seres humanos. Parece que nuestras sociedades están basadas en el odio hacia una relación más afectiva.

Así nunca saldremos del sometimiento y del autoritarismo de nuestros sistemas, no importa cual sea, si destruimos el vínculo afectivo, destruimos la capacidad de desarrollo pleno de las personas.

A veces hay hasta un rechazo visceral, hacia un niño que está recibiendo el afecto natural. Este sentimiento tan radical solo se explica, por la fuerte necesidad de protegerse. Los adultos no hemos recibido una crianza y enseñanza amorosa, con apego, por eso tenemos sociedades competitivas, con falta de empatía. Si un adulto ve a un niño que recibe el afecto necesario, aunque no sea consciente, se le abre la herida de la falta de amor que ha padecido, y por eso siente que tiene que atacar a ese niño, rompiendo su vínculo natural, utilizando teorías creadas por nuestras sociedades altamente inhumanas. No sabe el “por qué” real de su actos hacia los niños, porque las causas de sus heridas están en su inconsciente. NO sabe que hay algo que lo impulsa a querer que ese niño no reciba el afecto necesario, para no volver a sentir su herida original. De este modo todos seguimos contribuyendo a edificar sociedades, defensivas, ofensivas, de indiferencia, distancia afectiva, sociedades que están contra las personas, sociedades para la rivalidad.

Si no nos ocupamos del cambio en la raíz emocional de las personas ¿Creéis que hay posibilidad para un buen pronóstico?

Todos fuimos formados en una sociedad que destruye la dependencia natural de los niños con sus progenitores. Nuestra especie tiene una dependencia natural de muchos años hasta que se llega a ser adultos. Pero esta dependencia Natural, molesta e irrita, por haber sidos criados contra la naturaleza humana.

La naturaleza evolutiva de nuestra especie hizo que la crianza y educación de los hijos, corresponda a los progenitores. Hagamos construcciones de espacios sociales, sin ruptura, ni separaciones artificiales, como los actuales colegios, donde está ausente el vínculo natural entre progenitores e hijos.

La raíz del sufrimiento de este mundo, se construye con la represión de la capacidad de amar de los niños. Herimos a los niños en su capacidad innata de sentir intensamente al otro, y así construimos este mundo deshumanizado.

Una madre con tres hijos se ve desbordada, no da a basto con ellos. ¿Cómo pretendemos que una maestra (o maestro) pueda con 10, 20 o 30? Es evidente que no puede, esta situación desbordante la obliga a volverse autoritaria, ya que los niños se descontrolan, porque no tienen la cantidad de atención que necesitan. Estamos tan acostumbrados a ser autoritarios con los niños que ni si quiera percibimos el autoritarismo. ¿Cómo se puede sostener una cultura democrática si crecemos sometidos a una relación autoritaria?

En una tribu maternal hay más cantidad de adultos que de niños, así el cuidado y la educación de los niños se hace viable y efectiva para la supervivencia del grupo. También los niños reciben toda la humanidad que necesitan, están satisfechos y felices.

Actualmente tenemos impresionantes avances científicos, contamos con millones de científicos altamente capacitados en todo el planeta. Pero la ciencia no ha frenado la deshumanización, no ha construido un mundo más humano.

Entonces madres, padres, y todos, tenemos que decidirnos y hacerlo ya. No permitir más que se siga dañando la capacidad innata afectiva de nuestros hijos. Que el afecto innato hacia las personas no sea reprimido y reemplazado, por adquirir cosas materiales o intelectuales. Porque lo que hicimos con esto, es construir una sociedad mundial con el 0,1% de multimillonarios que manejan el mundo.

Porque del “expósito” de los niños, hemos pasado al depósito de los niños, para obtener rentabilidad con su inteligencia. Depositamos a los niños y esperamos que nos los devuelvan “con intereses”, es decir un niño más humano, más sabio y más feliz. Pero por lo general ninguna de estas tres cosas ocurren, los niños se vuelven competitivos, violentos, pierden la creatividad y el deseo de aprender.

Queremos enseñarles empatía, pero no tenemos empatía con ellos, ya que les destruimos desde pequeños la relación afectiva natural con sus progenitores. Porque nos hemos acomodado a nuestras propias carencias, por lo tanto ni siquiera detectamos que estamos hechos de carencias afectivas. Así seguimos reproduciendo sociedades que gritan que “no va más”.

Podemos construir una Cultura Afectuosa, y quiero hacerlo para mi hija, porque es el único valor real para la vida humana. Hasta ahora nuestra cultura crea sociedades basadas en seres humanos que tienen cada vez más desordenes emocionales.

La prueba de que estos multimillonarios fueron dañados en su infancia, es que no producen algo bueno para la humanidad, solo injusticia y sufrimiento, y están cada vez más armados con acumulación de dinero y artillería de guerra.

Porque cuanto más poder consiguen tener, evitan que otro esté por encima y los dañe. Como nos sucedió cuando eramos niños, que estábamos bajo el poder de progenitores y adultos que muchas veces sin saberlo nos herían, porque ellos fueron heridos, y por eso no podían sentir que tenían que entregarse a la intensa relación afectiva, que la naturaleza humana requiere para ser feliz.

La herida afectiva de la infancia es la causa, que lleva a acumular tanto poder, así se aseguran de no ser dañados, de nunca más sentirse el niño víctima y de ser ellos los que dañan. Pero esta actitud nunca podrá saciar la carencia afectiva en la que fueron criados.

Porque la acumulación no puede desarrollar la capacidad de amar de una persona, de sentir lo más humano, esto se aprende en la infancia de alguien que te quiso primero, que te sintió primero, que pudo entregarse intensamente a la relación afectiva.

Tendríamos que apreciar que la comunidades indígenas no separan a los padres de sus hijos, para aprender.
Cito las palabras de Orlando Vilasboas, brasileño indigenista, junto a Sidney Pozuelo (premio Bartolomé de las Casas 1998) presidente de la FUNAI de Brasil. Orlando Vilasboas nos habla de su trabajo de 40 y pico de años de contacto con los indígenas amazónicos.

“… Nuestra vida ha sido una huida de nuestras mentes. La selva tiene su belleza, conquistarla es bello. Un indio es diferente a lo que yo pensaba entonces. La sociedad brasileña tenía la impresión de que el indio era un bicho que andaba por la selva matando a las personas. Nosotros encontramos una sociedad estable, tranquila. Una sociedad donde nadie manda a nadie, donde el viejo es el dueño de la historia, el indio es el dueño de la aldea y el niño el dueño del mundo.

En cuarenta y tantos años nunca vi una madre pegar a sus hijos, ni a un padre regañar a sus hijos, ni a unos padres decirles “no” a los hijos, el niño es libre. En nuestra sociedad no tenemos la menor semejanza con la indígena hacia el tratamiento de la criatura, como los indios tienen entre ellos. Nunca vi a un indio pelear con otro, nunca vi a un indio discutir con otro, nunca vi a un marido pelear con su mujer, nada de esto ocurre. Son normas de una sociedad altamente tranquila y la nuestra es una sociedad totalmente infeliz…”.

Otra observación que hay que hacer es que todos los niño juegan todos los días, el lenguaje del niño es el juego, ese es su modo de comunicación.

A los adultos no nos surgen iniciativas, ganas de jugar con el niño, porque hemos sido formados en la represión del juego. Nos dijeron “deja de jugar y ve a hacer tus deberes, no pierdas el tiempo, etc.”. Nos han quitado las ganas de tener iniciativas de jugar con los niños, y solo lo hacemos a demanda sin muchas gusto, queriendo dejar de hacerlo.
En cambio los indígenas maternales, hace todas sus cosas cotidianas de forma lúdica, no separa el trabajo del juego. De este modo el niño está realmente incorporado a la vida de los adultos, porque están utilizando el lenguaje del niño, que es el juego. De este modo no es necesario poner límites, porque se entienden mutuamente. Como en la tribu Yequana de la selva Venezolana que describe Jean Liedloff, dice que los niños no se pelean, que los hermanos no tiene celos. Que nunca vio ni pelear, ni pegar, ni gritar, ni si quiera discutir, niño con niño ni adulto con niño, y que los indígenas adultos tampoco se pelean. Es una cultura muy distinta a la nuestra, nosotros creamos una sociedad antisocial.

Puedo afirmar que en nuestras sociedades podemos vivir este tipo de relación, porque nosotros la vivimos con nuestra hija. Nada más tenemos que aprender cómo hacerlo,por eso hice EcoNiñez, para revisar todo lo aprendido en lo social y psicológico de nuestra infancia, relacinándolo con las culturas que ya tienen lo que nosotros deseamos tener.

Encontrarás la profundización de este análisis en mi libro “EcoNiñez” y en mi próximo libro “Resolviendo las Dificultades del Aprendizaje Natural”, también te ayudará mirar los vídeos y todo el contenido de la página.

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