2º Parte ¿Cómo educar y criar si sabemos que nuestro inconsciente toma las decisiones y no la consciencia?

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La consciencia expresa las elecciones

que nuestro inconsciente hace.

Los neurocientíficos comprobaron que las elecciones las hace el inconsciente diez segundos antes de que lo sepamos conscientemente.

Nuestras decisiones son codificadas por el inconsciente, mucho antes de que nos demos cuenta de nuestra intención. Significa que el inconsciente ya conoce cuál es la decisión que tomaremos sin que nosotros mismos lo sepamos de forma consciente.

Si nuestro inconsciente decide diez segundos antes de que lo sepamos, quiere decir que hemos vivido con un concepto de libertad falso. “La libertad es una ilusión” así lo afirma el destacado neurocientífico Francisco Rubia y otros investigadores del cerebro humano ¿Habrá que cambiar el concepto de Libertad?

Estamos condicionados,

la consciencia

es casi inexistente en nuestra actividad cerebral.

Damos razones de la elección tomada, después de las decisiones que adopta nuestro cerebro basándose en la memoria, en las emociones y en toda una serie de datos que se procesan de una manera inconsciente.

La neurociencia comprobó en los laboratorios lo que descubrió Freud hace más de 100 años, que el inconsciente es un elemento fundamental en la manera de funcionar de los seres humanos.

No tenemos libertad para tomar decisiones conscientes, sino que las elecciones las hace el inconsciente fundamentalmente con el amor o sufrimiento que hayamos sentido, principalmente el que vivimos en la infancia.

Las experiencias emocionales inconscientes, deciden qué percibimos, razonamos y elegimos.

  • La consciencia solo ejecuta lo que el inconsciente decidió diez segundos antes. Nuestra consciencia ni siquiera sabe que es el inconsciente el que ha tomado la decisión.

Vivimos en la falsa creencia de que nos es posible controlar nuestra vida con la consciencia. Por eso muchas veces decimos que somos conscientes de algo y deseamos realizarlo, pero sin querer hacemos lo contrario, porque en realidad no nos es posible controlar ni decidir de forma consciente. Podemos ser conscientes de muchas cosas pero hacer lo opuesto de forma inconsciente, por ende lo que debe cambiar es nuestro inconsciente. Pero el cambio emocional significativo no se produce por tener consciencia sobre algo. Podemos saber determinada cosa pero nuestro inconsciente decidirá qué hace con ese conocimiento.

La consciencia no decide, no elige, nos repiten los neurocientíficos una y otra vez.

Entonces tendríamos que preguntarnos:

  • ¿Por qué nos afanamos tanto por el control consciente de nuestra vida?
  • ¿Por qué creemos que puede ser malo que nuestra conciencia no sea la que controle, si es parte de nuestra naturaleza poseer un inconsciente al que no controlamos?

Nuestro inconsciente emocional es el que toma la decisión, con la información que obtuvo de la experiencia. El proceso inconsciente es el que elige qué sentimos en cada circunstancia, por ende, qué razonamos y qué debemos hacer.

Cualquier información que entra en el cerebro es moldeada por las experiencias emocionales inconscientes del pasado. Dicho de otro modo, cualquier estímulo sensorial que entra en el cerebro, recibe inevitablemente un formato procesado por la interpretación emocional inconsciente, que depende de la experiencia vivida. Este formato afectará después en cómo la información sensorial es memorizada, reactivada y unida a otras nociones cognoscitivas.

Esto nos lleva a pensar que si no decidimos conscientemente ¿No tenemos libertad? Cierto, no tenemos libertad dice Rubia: “La libertad es una ficción cerebral”.

El Dr. Mark Hallett de la Universidad de Harvad Presidente de la Federación Internacional de Neurofisiología Clínica, recopiló e investigó todos los estudios cerebrales llevados a cabo por distintos científicos y concluyó en su artículo titulado “La fisiología del libre albedrío” que: “No hay ninguna evidencia de que el libre albedrío sea una fuerza en la generación de movimiento. La sensación de libertad existe, pero no es la causa del movimiento sino una percepción posterior. Los movimientos se generan inconscientemente, y la ilusión de voluntad llega después”.

Es decir que no encontraron nuestro libre albedrío, al que suponíamos como generador de nuestra decisión de hacer algo. Y que la sensación de libertad es posterior a la acción realizada. La elección de hacer determinada cosa se produce inconscientemente, y la ilusión de que uno lo ha decidido con voluntad consciente llega después.

La libertad es una sensación que experimentamos como consecuencia de una elección que desconocemos porque la hace el inconsciente, y luego se lo entrega a la consciencia.

Si el concepto de libertad está ligado a las elecciones que no podemos hacer, no tenemos libertad, porque no decidimos lo que elegimos de forma consciente.

Ahora si el concepto de libertad se sustenta en:

  • Recibir los que necesitamos para ser felices.
  • Por ejemplo: Decimos que el caballo es libre porque no lo arrancaron de su ambiente natural, y no porque se la pasa eligiendo.

Si recibimos el afecto necesario, inconscientemente elegiremos lo que nos hará felices. La consciencia solo ejecutará la decisión inconsciente, que nos permitirá sentir que estamos viviendo en libertad.

  • La posibilidad de ser feliz, no depende de la capacidad de elegir del inconsciente,
  • sino de haber recibido lo que necesitamos como humanos para que nuestro inconsciente pueda elegir lo que nos hará felices.

El daño emocional nos quita la capacidad de elegir inconscientemente lo que nos hace felices. Y nos esclaviza a buscar la felicidad donde no la conseguiremos.

En nuestras sociedades modernas el daño emocional nos roba la capacidad de ser felices, y dirige nuestras elecciones hacia la ficción de la felicidad, hacia los sustitutos como el consumo, la competencia, el éxito, la acumulación de riqueza.

Un estudio de 75 años de duración, el más extenso en tiempo que se ha hecho por la Escuela de Desarrollo de Adultos de la Universidad de Harvard comprobó que el 80% de los jóvenes tienen como la meta de su vida hacerse muy ricos, ser grandes acumuladores, y el 50% de esos mismos jóvenes también quieren llegar a ser famosos.

Claramente estos jóvenes no están concentrados en desarrollar su capacidad de sentir y amar a las personas, y cuando sean padres no tendrán espacio afectivo para disfrutar a sus hijos, les costará comunicarse con ellos, así como jugar, amarlos.

El mismo estudio de Harvard a través de investigaciones neurológicas descubrió que las personas con mayor relación de calidad afectiva, es decir aquellos que centran sus vidas en la interacción recurrente entre las personas que aman, mantienen su capacidad cognitiva sana, incluso en edad avanzadas son los que pierden menos memoria y son más felices.

Nuestras elecciones, que como vimos solo pueden ser inconscientes, están sujetas a las emociones de amor o sufrimiento que hayamos vivido.

Elegir es una capacidad innata inconsciente,

que se manifiesta como

consecuencia de las interacciones humanas.

Si tuvimos en la infancia una relación emocional dolorosa, elegiremos de acuerdo a estas emociones inconscientes, de ataque y defensa, autoritarismo y sometimiento.

Nuestra crianza y educación nos tiene que capacitar para que podamos elegir lo que nos hará realmente felices.

Las heridas emocionales, destruyen la posibilidad de hacer elecciones inconscientes para nuestra felicidad. Enseñan a las personas a ser sometidas, a mendigar afecto a quien no sabe querer, a amar al autoritario, y a ser un autoritario.

Para no herir al niño, tenemos que definir cómo se desarrolla una persona a la que no se le destruye su naturaleza emocional.

El ser humano es básicamente Relación Humana:

En lo biológico, partes del cuerpo, se desarrollaron para el placer entre las relaciones humanas. Como las mamas de la mujer, que son para la relación con su hijo.

El niño nace de una relación humana. Se forma gracias a la relación de las células de dos personas. Vive dentro de otro, crece y se alimenta dentro y en relación a un cuerpo humano.

Al nacer continúa alimentándose del afecto y del cuerpo de la madre. La leche brota del deseo y el placer de la relación humana.

El niño aprende un idioma a través de las relaciones humanas. Aprende de los adultos a sobrevivir, como cualquier animal que lo necesita.

Aprende la ciencia, la cultura, las costumbres y las emociones, a través de las relaciones humanas.

En conclusión, estamos hechos:

De relación humana, y para la relación humana amorosa.

El niño, naturalmente busca la relación con el adulto. Cuando nace siente a su madre, su cuerpo, y sus emociones, la huele, la escucha, la observa y aprende de ella y de los que están con ella.

En un principio el bebé siente tanto a su madre, que no sabe que es un ser separado de ella. También forman parte de la madre las personas de su entorno. Es decir que el bebé, se concibe en un nosotros.

Su vida se centra en relacionarse con sus padres y allegados, y de niño continúa así. Porque se nutre de las emociones que siente con las personas que lo quieren o lo rechazan, conformando su Yo.

  • Si vivió amor, sentirá un Yo que es un nosotros, un Yo que está lleno de personas a las que quiere.
  • Si vivió falta de interacción humana amorosa, tendrá un Yo vacío de humanidad, un Yo individualista.

La principal necesidad natural del niño, es tener relación lúdica con personas que lo aman.

Por lo tanto la educación de los niños debe centrarse en fomentar la relación humana. Si ponemos cosas interesantes para que el niño las descubra y nosotros siempre nos colocamos a un costado observando, quitamos la relación humana como principal factor de la educación, e inducimos al niño a centrarse en las cosas, lo cosificamos y deshumanizamos. Luego buscará satisfacción en las cosas y no en las personas.

El ser humano es un ser vivo altamente complejo, por eso para el niño es una riquísima fuente de conocimiento a descubrir, sentir e investigar. Por ejemplo cuando el adulto muestra cómo hace algo, el niño lo mira y aprende cómo se le mueve el cuerpo, cómo son las expresiones de su rostro, las emociones, el tono de su voz, si es juguetón, risueño, si lo mima, lo abraza y cómo lo hace, siente si resalta lo importante que es su existencia, etc, etc. En cambio las cosas son mucho más simples y escasas para lo que necesita aprender un niño, por eso su pleno desarrollo se realiza a través de la relación humana que es más compleja y por ende trasmite una alta cantidad de información, imprescindible para todas las funciones de la persona. Las cosas deberían ser un complemento para la relación afectiva. La educación tendría que centrarse en fomentar la relación entre personas, y nunca tener el aprendizaje de las cosas como principal objetivo, para no cosificar al niño. Porque la relación amorosa humana nos hace humanos.

Jugando con su madre, padre y otros el hijo aprende el cuidado, el aprecio por las personas y sus cosas.

El placer que experimenta el niño al jugar con sus padres, y allegados permite que incorpore la forma de convivir de ellos. Es decir que al disfrutar de sus padres, de sus cuidados, valores y conocimientos, el niño de forma inconsciente incorpora limites y normas sin tener que indicarlos con autoritarismo, ni firmeza. Los aprende disfrutando de la vida de sus padres y de la suya. Lo incorpora a través de la relación amorosa, y no por medio de reglas morales autoritarias.

La violencia de los niños, no se debe a una falta de límites y normas, ni por ser tratado como “tesoro, rey del hogar”, sino por escasez de comunicación, de interacción entre adulto y niño.

El lenguaje del niño es el juego afectuoso, y el adulto, tiene reprimida esta capacidad, en consecuencia el niño no entiende al adulto y el adulto no entiende al niño.

Nuestro inconsciente es un “nosotros emocional”

Porque nuestras emociones se formaron con las experiencias emocionales que hemos vivido con los otros. Y estas emociones son las que deciden que elegimos, aunque creamos que lo hacemos con una elección consciente y sin la influencia de lo que hemos sentido con otras personas en el pasado.

Lo que sentimos desde que nacemos al relacionarnos con otras personas, va formando nuestras emociones.

En consecuencia podemos decir que el “nosotros emocional” inconsciente es el que decide qué debemos razonar y sentir ante un hecho. Nuestro razonamiento utiliza las emociones inconscientes del pasado. Lee e incorpora lo nuevo con las herramientas emocionales aprendidas. Es decir que las emociones inconscientes deciden el razonamiento.

Las emociones dirigen la Razón. No solo es imposible evitar tener emociones para hacer un correcto razonamiento -al que equívocamente se lo llamó objetivo o puro- sino que es la emoción inconsciente la que decide qué interpretación razonable se corresponde con las emociones del pasado, y principalmente se sustentan en las que pertenecen a nuestra infancia.

Este hecho nos indica, que nuestra sensación de Yo se construye en relación con otros Yo emocionales. Por tanto nuestro Yo es relación emocional.

Entonces el Yo no es estrictamente individual, aunque existamos como individuos únicos e irrepetibles con nuestras emociones y vivencias. Queda claro cuando muere alguien que amamos mucho, sentimos un desgarro emocional, como si se muriera parte de nuestro Yo.

Tenemos entonces que nuestro Yo se construye con las relaciones emocionales experimentadas con otros, incorporada de forma inconsciente a nuestro ser único.

Nuestro Yo que es relación emocional vivida con otras personas, se corresponde a la realidad psíquica de “ser humano” como la interiorizan las tribus.

Su Yo es un ser colectivo, un Yo que es un Nosotros. Dicho con otras palabras: “Las emociones de amor que siento por los otros, y los otros sienten hacia mi, hacen que experimente que los otros están en mi corazón, es decir forman parte de mi persona. Por lo tanto tengo un yo colectivo”.

En cambio, nuestra visión cultural contra-natura, es de una psiquis basada en un Yo desgarrado de su pertenencia a un nosotros emocional, que tiende al Yo aislado, que se hace a sí mismo. El concepto de libertad que aquí se establece, se funda en un Yo individualista y no en el afecto por las personas que es un nosotros, donde la libertad consiste en amar y ser amado.

Nuestra cultura nos forma un Yo con mucha soledad interna, que nos conduce a ocuparnos desesperadamente del vacío de nuestro Ego, y estas son las emociones que nos hacen tan individualistas, competitivos e infelices.

En las tribus maternales, el “Yo relación” es la estructura con la que abordan la vida, es la lente con la que ven la realidad. Y es totalmente equívoco deducir que el “Yo relación” anula la existencia de la persona como ser único e irrepetible. Al contrario, tienen más capacidad de sentir al otro como único e irremplazable, de percibir y estar atento a las necesidades del otro; y también de poder expresar sus propios intereses, porque saben que hay otros pendientes de su vida, que lo quieren, que forman parte de la vida de ellos y que por eso necesita que cada uno se sienta feliz. Están mucho más conectados unos con los otros, de lo que podemos estar nosotros. La nuestra es una sociedad del individualismo, de un Yo con mucha soledad interna, que cada año produce un aumento en la tasa de suicidios.

Por otro lado es muy llamativo que el marketing no esté creando la ilusión de la elección. Constantemente las publicidades nos dicen “Tu eliges”. Saben que en el momento de elegir somos mucho menos libres de lo que creemos. Pero desde los medios de comunicación se nos insiste en que solo eligiendo seremos libres. Detectaron que eso es lo que inconscientemente queremos escuchar. Publicidades que nos recalcan que “Elegir nos hará únicos y autónomos” y que “Elegir nos hará libres”. Lo que estamos eligiendo es la reproducción de un sistema de injusticia social, donde los pobres aumentan en cantidad y en pobreza, y cada vez se concentra más la riqueza en unos pocos. Seguimos eligiendo y votando la autodestrucción de la humanidad, la contaminación del planeta, etc.

La libertad es más que elegir, reducir la libertad solo a la elección es un gran engaño. Un ejemplo concreto de lo que nuestra cultura considera países de gran libertad, son los que aplican este concepto de libertad de elección individualista hasta el extremo de dar asistencia al suicida proporcionándole la jeringa de la muerte. Se considera máxima libertad, a una persona físicamente sana que elige suicidarse, pero la verdad es que perdió su libertad hace mucho tiempo. Es decir, la sociedad le destruye la libertad y luego le dice “eres libre de elegir tu muerte”. Esto es un absoluto engaño. Por eso reducir la libertad solo a la elección es una mentira, la libertad es mucho más que elegir, debería coincidir con la expansión y la realización de nuestro ser, no con la destrucción del mismo.

Solo elegiremos inconscientemente lo que nos hará felices si recibimos lo que necesitamos como especie humana. Recuperando lo que corresponde a nuestra esencia de animal humano. No solo buscar el equilibrio ecológico en las plantas, ríos, mares, aire, sino empezar por nuestra vida.

Todo animal de grupo con crías que tienen muchos años de dependencia, organizan su vida en función de las crías, y no en función de la acumulación estipulada fantasiosamente como riqueza.

Dijimos que nuestro inconsciente se forma con las relaciones emocionales que hemos experimentado con otros, por lo tanto nuestro inconsciente está construido con relación emocional. Solo una educación que se ocupe como principal objetivo desarrollar profundamente la conexión afectiva entre las personas, puede lograr que el ser humano sea feliz e inteligente. Es decir que cualquier conocimiento a adquirir o transmitir este en función de conectarnos afectivamente.

La única posibilidad de ser felices plenamente es desarrollar nuestra capacidad de amar a las personas. Educar a los niños en un Yo que trasciende, que pude sentir que los otros son parte de él y él es parte de ortos. Un Yo que se atreva a abrirse a la imprevisibilidad de los otros, porque sabe que esos otros lo quieren y desean su felicidad, y se puede dejar llevar hacia el misterio de sus personas. Un Yo que en los momentos cuando contempla al otro se queda atónito disfrutándolo, en inglés y en francés literalmente se usa la palabra «caer», «caes enamorado», un acontecimiento que te saca de sí y te lleva al encuentro de otro.

“No hay tiempo, tan breve es la vida para dimes y diretes, disculpas, resentimientos y rendiciones de cuentas. Sólo hay tiempo para amar y tenemos poco tiempo hasta para eso.” Mark Twain.

 

PARTE 1º en este Vídeo: ¿Cómo educar y criar si sabemos que nuestro inconsciente toma las decisiones y no la consciencia?

Escrito y desarrollado por Valentina N. Escurra

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